2/5/15

Argentina: La cultura del despojo



La oligarquía no acepta pueblos propietarios
Por: Fernando Buen Abad Domínguez
En una de sus muy ingratas batallas contra la “cultura del despojo” Argentina enfrenta esa paradoja retorcida en la que el dueño verdadero de todo no termina de sacudirse a una oligarquía rancia empeñada en tratarlo como visitante en su propia tierra, en su propia casa y en su propia cabeza. O dicho de otro modo, la víctima del despojo ha sido educada para entregarlo todo a punta de sangre e ideología chatarra; a punta de violencia bancaria y desamparo político; a punta de recortes presupuestales, “lecops”, “patacones” y helicópteros modelo 2001, escapando entre las llamas de las luchas en las calles. Pueblo saqueado a punta de bayonetas televisivas y monopolios mediáticos golpistas. El neoliberalismo rabioso.

Toda la derecha argentina se dispone a disfrazarse de “buena onda”, con globos y bailes cumbiancheros, sin importar en cuánto ensanchen los márgenes de lo patético y lo ridículo, para hacerle creer a todo un pueblo que se acabó la fiesta del “populismo”, que es hora de devolverlo todo, “devolver lo que no es suyo” y que (en “buena onda”) mantendrían algunas concesiones luego de restaurar el reino de las privatizaciones que ha sido mancillado por las estatizaciones y las intervenciones de un “poder popular” al que la burguesía llama “relato” y al cual –dicen ellos- se le acabaron los tiempos.

A mañana, tarde y noche los ventrílocuos del monopolio Clarín (y sus secuaces) se desgañitan con la cantaleta del “final de partida” como recurso histriónico para hacer invisible el verdadero plan oligarca que es demoler sin compasión todo lo logrado por los trabajadores en los años recientes de la “década ganada”. De las miradas turbias y las palabras ponzoñosas de los “chirolitas” Clarín, escurre el tufo fétido del odio de clase que anhela venganza de urnas para el asesinato de las victorias populares. Sienten que son la vanguardia espiritual del sur que recoge el alma del golpismo continental y por eso se reúnen con Uribe, con Aznar, con Felipe González, con Capriles… y desde luego con Vargas Llosa y jaurías similares.

El sueño burgués de máxima es (además de recuperar lo “perdido”) dar un ejemplo correctivo a toda esa generación que se atrevió a pensar un mundo distinto. Una reprimenda y un castigo ejemplar en la “plaza pública” al que decidió que el agua es suya y no de las empresas francesas que la tenían privatizada. Castigo al que sintió suyos los trenes, al que sintió como propias las jubilaciones, los servicios médicos y la educación. Reprimenda enérgica al que pensó en democratizar la comunicación. Castigo sin clemencia al que pensó que la justicia no puede, ni debe, seguir siendo arma de oligarcas para “disciplinar” a los pueblos. Sanción y purga al que anheló un continente integrado, liberado de los yanquis, de las deudas con el FMI y dispuesto a mirarse como hermanos en el rostro de los pueblos hermanos de Latinoamérica y de todo el mundo.

El odio burgués se ha maquillado de fiesta democrática. Anda colorido y escandaloso rellenando páginas de diarios y televisoras con su palabrería vacía. Andan en “buena onda”, no quieren conflictos, rehúyen los debates y se exhiben como “hermanas de la caridad” reconciliadores y serenos (así lo mandan los cánones de las agencias de imagen Durán Barba, contratadas ex profeso) lo que se dice “buena onda” para la foto. Todo mientras llegan las fechas de los votos. Mientras tanto se reúnen y se reparten la estrategia del “rescate”. ¿Quién se quedará con las jubilaciones? ¿Quién se quedará con YPF la petrolera nacional? ¿Quién le meterá mano de nuevo a los ferrocarriles? ¿Quién regenteará al Banco Nación? ¿A quien de darán los negociados en salud, educación y vivienda? ¿Cómo se arreglarán con el “narco”, con los jueces, con las mafias policiales y de seguridad privada? ¿Quién gerenciará la compra-venta de las “cámaras de seguridad” que todos prometen como solución mágica al crimen organizado? Claro que de eso no hablan cuando hablan por la tele.

Por ahora ya asoma la oligarquía un “plan de trabajo” que descargará en sus lebreles de “la política” para que deroguen todo lo que deba ser derogado por el sólo hecho de contener alguna idea de justicia social. Por ejemplo la “asignación universal por hijo”, los controles cambiarios y los grandes logros históricos en materia de Derechos Humanos. Derogar la cárcel a los dictadores y las indagatorias sobre empresas cómplices… sin hablar de convenios para el desarrollo de infraestructura e industria.

Los logros de la “Década Ganada” ni son perfectos ni son suficientes. Una larga lista de tareas de profundización está sobre la mesas y está en juego la oportunidad de cumplir con semejantes tareas sin dilaciones y sin algunos de los pretextos que han sido odiosos para propios y para extraños. El modelo propuesto por el gobierno actual no resuelve la derrota del capitalismo, está lejos de eso, pero ha dignificado a sectores de la clase trabajadora que unos nunca habían conocido y otros en décadas no pudieron recuperar tras el infierno de las dictaduras con asesinatos flagrantes de todo tipo incluso a la libertad y a la democracia.

Uno no debe anestesiarse con los perfumes del “posibilismo” ni del “mal menor” tal como lo dibuja –incluso- la oligarquía. La justicia social es impensable bajo el capitalismo pero eso no habilita a separarse del debate político y la movilización de la clase trabajadora en defensa de sus logros, estén en el estado provisional en que estén, para defenderlos hombro con hombro en la situación actual de sus luchas. Especialmente en esa lucha en la que los pueblos, que deben ser dueños de todo, viven los estragos de una guerra psicológica e ideológica que quiere convencerlos de entregar o “devolver” mansamente toda riqueza  a una oligarquía, como la argentina, depredadora, criminal e insaciable.

Es urgente derrotar el plan mediático burgués inspirado en tatuarnos su moral de esclavos felices de enriquecer al amo y felices de recibir todos los azotes… siempre agradecidos y convencidos de merecerlos. Devolver la “Década Ganada”. ¿Por quién votás?

Publicado originalmente en:  Rebelión/Universidad de la Filosofía
http://universidaddelafilosofia.blogspot.com.ar/

Los Wayuu colombianos mueren de hambre y sed


Exterminan en silencio a la mayor nación indígena de Colombia por explotación del carbón y privatización de sus acuíferos

Como los medios de comunicación corporativos tienen sus prioridades informativas bien definidas y orientadas, especialmente contra Cuba, Venezuela u otros países que no se subordinan a Occidente; usted no sabrá que la nación indígena Wayúu [1], la mayor de Colombia, se muere de hambre y sed porque el río madre de la región donde radican fue represado y su agua privatizada para el servicio de la industria agrícola y la explotación de la mina de carbón -a cielo abierto- más grande del mundo. Por esa misma razón, ignorará, seguramente, la denuncia que esta comunidad ha presentado ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos -CIDH-, de la OEA, con sede en Washington, por la violación de sus derechos vitales fundamentales.

Los datos que existen del crimen que se comete contra la etnia Wayúu no son precisos, informa la web las dos orillas.com. Según esta fuente, en el extenso territorio que ocupan en el extremo Norte del país sudamericano, la nación de origen prehispánico carece de controles y presencia estatal colombiana. En cualquier caso, según Armando Valbuena, autoridad tradicional Wayúu, unos 14 mil niños de la etnia han muerto de inanición y la mortandad no se detiene.

A todo esto hay que agregar que la escasa ayuda que el gobierno colombiano los Wayúu no llega a los indígenas. El caso del Programa de Alimentación y Nutrición, en el que se invierten más 15 millones de dólarez, es un ejemplo. Buena parte de ese dinero – denuncian los voceros de Wayúu Armando Valbuena y Javier Rojas Uriana– se queda en redes de corrupción y termina siendo utilizado en las campañas políticas para la compra de votos. Téngase en cuenta, además, que La Guajira posee una población de 500 mil habitantes y ha recibido, durante los últimos 20 años, más de mil millones de dólares por la extracción de sus recursos naturales (carbón y gas), además del dinero que le corresponde cada año del presupuesto nacional. Pero ese dinero es robado por la corrupción que domina las administraciones públicas locales.

En medio de ese panorama, en febrero de este año cinco autoridades tradicionales indígenas, a través de su representante legal Javier Rojas Uriana, solicitaban a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que dictase medidas cautelares urgentes que les permitan recuperar el uso del único río que poseen para detener la actual mortandad por inanición de niños y adultos mayores. La acción pretende que el organismo interamericano ordene la apertura inmediata de las compuertas que restringen el paso del agua del río Ranchería, que es acumulada en la represa El Cercado.

Según la abogada Sáchica Moreno, del Consultorio Jurídico de la Universidad de Bogotá, el agua del río, un bien público, fue privatizado y la primera consecuencia de ello es el proceso de exterminio en que se encuentra esta etnia colombiana, sumida en la miseria y el abandono.

La cruda realidad para estos seres humanos es que la mayor parte del río quedó completamente seco, pues su caudal hoy está destinado exclusivamente a grandes haciendas del sur de La Guajira y a las operaciones industriales de las minas de carbón de Cerrejón.

De acuerdo a la solicitud presentada ante la CIDH, la legislación internacional y nacional, y a estudios de la Defensoría del Pueblo y la Contraloría General de la República de Colombia, los primeros destinatarios del agua deben ser siemprelos seres humanos. Solamente después de que ellos la tengan garantizada a satisfacción, los excedentes que resulten pueden ser usados en menesteres agrícolas, industriales y otros.

Por otra parte, además de pedir la apertura inmediata de las compuertas de la represa para que el agua llegue cuanto antes a los indígenas, se pide que se ordene suspender de manera inmediata las tomas de agua de La Guajira que Cerrejón obtiene de otras fuentes públicas distintas al río, principalmente subterráneas, hasta que una evaluación técnica idónea e imparcial determine si, después de abastecer satisfactoriamente a los seres humanos en la región, quedan excedentes de agua para destinarlos a la agricultura a gran escala y a la explotación de las minas.

Finalmente, del conjunto de pruebas judiciales que serán presentadas a la Comisión se destaca el documental inédito que acaba de terminar el periodista colombiano Gonzalo Guillén, “El río que se robaron”, donde se testimonian los hechos denunciados a través de imágenes sobrecogedoras de La Guajira y declaraciones de los protagonistas.

[1] El Nobel de literatura colombiano Gabriel García Márquez tuvo linaje Wayúu por parte de madre y la influencia de esa cultura está presente en una buena parte de su obra.

Publicado por cric-colombia.org
Originalmente en : Canarias-Semanal-org - http://www.aporrea.org/ddhh/n269375.html

24/3/15

Memoria, Verdad y Justicia - 1976 - 24 de marzo - 2015

En este 24 de marzo...algunas voces en una iglesia que fue muy cómplice de la dictadura y de otra que se pronuncia y reconoce que siempre debe ser solidaria, comprometida, justa...

 VICARIA DE SOLIDARIDAD
OBISPADO DE QUILMES
Memoria, Verdad y Justicia
1976 - 24 de marzo - 2015


“Yo quisiera hacer un llamamiento, de manera especial, a los hombres del ejército. Y, en concreto, a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles… Hermanos, son de nuestro mismo pueblo. Matan a sus mismos hermanos campesinos. Y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: “No matar”. Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia, y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado. La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: cese la represión”.

El 23 de marzo de 1980, Monseñor Oscar Arnulfo Romero, Arzobispo del Salvador, pronunciaba su última homilía. El texto citado es de allí. Al día siguiente sería asesinado. Otro 24 de marzo que enlutó a América Latina con la Doctrina de la Seguridad Nacional. Celebramos la noticia de su próxima beatificación y la memoria de su martirio.
Cuatro años antes (1976), Argentina comenzaba la dictadura más sangrienta que recuerde la patria. Por ese otro 24 de marzo nos unimos en una nueva jornada de Memoria, Verdad y Justicia, 39 años después.
Las palabras del mártir pastor salvadoreño podrían haber sido utilizadas para aquellos oscuros años en la Argentina. Hacemos memoria porque queremos futuro de justicia y verdad. Permítasenos reparar en algunas reflexiones, pensando que la dictadura implantada no fue sólo “militar”, sino “cívico–eclesiástico–militar” como piensan muchos.
- El 24 de marzo de 1976 se sentaron las bases del sistema económico que llevó a plenitud la década neoliberal de los ´90. El despojo del patrimonio nacional nos ofreció su escena lacerante y patética: el caos de diciembre de 2001. Desde 2003, con sus luces y sus sombras, han sido muchos los esfuerzos por recomponer el tejido social y caminar hacia una mayor justicia en la distribución de la riqueza. Hemos salido de contemplar incesantes marchas de desocupados a poder discutir paritarias. Pero sigue habiendo hermanos y hermanas que nos cuestionan porque les falta la tierra, la educación, el pan, el futuro.
- Un capítulo anexo, y no menor al anterior, es permitirnos pensar en una historia que no esté dominada por el imperio del lucro capitalista ni la acumulación indiscriminada. Este tipo económico ha dado muestras más que suficientes de inhumanidad, violencia y generación de miseria. La misma Madre Tierra está gimiendo por el desorden que los seres humanos producimos por nuestra insaciable avaricia.
- La Dictadura pisoteó los Derechos Humanos. Estos son hoy una política de estado. Pocos países como la Argentina avanzaron tanto en los Juicios por delitos de lesa humanidad. Han habido justicia, condenas y presos. Falta mucho aún, pero se camina en esa dirección. Celebramos cada uno de los nietos y nietas recuperados, pero sabemos que hay otros y otras que anhelan recuperar su identidad y encontrarse con su verdad. Nos inquietan las desapariciones en democracia, como la de Julio López. Advertimos contra la renuencia del poder Judicial para avanzar en las causas que involucran a grandes empresarios que, en ese entonces, entregaron trabajadores a la muerte. Nos preocupa la demora de aquellas causas contra los dueños de medios de comunicación cómplices de los represores y los casos de apropiación ilegal de bienes durante la Dictadura. El pueblo argentino espera saldar una gran deuda: la democratización del Poder Judicial.

- Creemos que las instituciones militares han registrado el impacto de haberse apartado del Estado de derecho durante los años de la última dictadura. No son pocos los que supieron acompañar el camino democrático reconquistado en 1983. Pero aún quedan sectores que reivindican “el Proceso” y la “teoría de los dos demonios”. Nos sigue preocupando la falta del sentido de los derechos humanos en otras fuerzas como las del sistema carcelario o la misma policía. Los problemas de la trata de personas y el narcotráfico se vinculan, entre otros entramados complejos, con estas “fuerzas de seguridad”. Los pibes de nuestros barrios más pobres sufren cotidianamente la prepotencia de quienes en lugar de cuidar la vida, la maltratan.
- El Papa Francisco ha colaborado con nuestro amigo, el obispo de La Rioja Marcelo Colombo, para que el juicio por el asesinato de don Enrique Angelelli (4 de agosto de 1976) pudiera llegar a su fin con culpables y condenas. El primer Obispo de Quilmes, Jorge Novak, que tanto trabajó en el acompañamiento de familiares de desaparecidos y alzó su voz pidiendo justicia en esos tiempos de plomo, pedía perdón en su Testamento: “Pido perdón a los hombres que, en situaciones extremas de angustia (familiares de desaparecidos, familiares de combatientes de las Malvinas; familias de desocupados; familias de los asentamientos; familias sin vivienda; niños abandonados; jóvenes drogadictos; ancianos desesperados) esperaban justificadamente mi anuncio profético, mi presencia amiga, mi participación valiente y servicial y me vieron retaceando el esfuerzo y la fatiga del Evangelio. Pido perdón a quienes creyeron que yo no promovía cabalmente las causas que angustian, conmueven y comprometen hoy al hombre: la verdad, la justicia, la paz”. Nos alegra que los obispos inviten públicamente a colaborar más eficazmente con la justicia en este tema. Se nos pide ofrecer información, respaldar explícitamente a personas y organismos que trabajan en Derechos Humanos. Nos los exige la memoria de 30.000 desaparecidos y de los mártires laicos, religiosos, sacerdotes y obispos que dieron la vida en aquellos años.

- Desde 1983 hemos logrado, con avances y retrocesos, darnos cuenta del valor del sistema democrático. Sabemos que este sistema no se sostiene sólo por la emisión del voto en los distintos sufragios. La participación social y política se requiere cada vez más para madurar nuestras instituciones. Celebramos el incremento de la participación social y política, especialmente entre los jóvenes. Y, al mismo tiempo, advertimos sobre cualquier intento de desestabilización de la democracia en nuestro país y en la región. Como decía el recordado Mons. Gerardo Farrell: “los males de la democracia se curan con más democracia”.
- Finalmente, con la memoria del 24 de marzo hemos aprendido a leer que los caminos de nuestra patria se tejen con los destinos de los pueblos hermanos. Aquel plan sistemático de muerte iniciado en nuestras tierras en 1976, antes y después asolaron América Latina y el Caribe. Creemos que hemos aprendido el valor de la convivencia y la unidad como pueblos de la región. Hemos aprendido que sólo habrá futuro sustentable si lo hay para todos y todas. Nos parece importante utilizar todo nuestro empeño en fortalecer todas aquellas instancias que unan a gobiernos y pueblos de la región: no sólo para repeler las agresiones de quienes se sienten más poderosos, sino para pensar creativamente en todo aquello que hace a la felicidad de nuestros pueblos.
Departamento Justicia y Paz
Vicaría de Solidaridad
Diócesis de Quilmes

27/1/15

¿EN CONTACTO?


Este 2015, como muchos otros inicios de año, trajo distintos hechos que nos invitan a reconectarnos en tiempos del año que uno aprovecha para “desenchufarse”, para renovar el espíritu que el resto del año nos demandará. Asesinatos por aquí y más allá, suicidios, complicidades entre narcotráfico, políticos y ejército borrando rastros de vida de estudiantes, suicidios de personajes que, pronto, serán olvidados son casi el único menú que algunos medios de grandes corporaciones nos ofrecen “minuto a minuto”. A ellos se pliegan con escasa autocrítica algunos medios ¿progres? que empobrecen su propuesta y práctica comunicacional en una repetición de aquello que critican sobre modelos hegemónicos que buscan mantener con el ciudadano, una relación casi clientelar, efímera, antes que respetuosa de sus deseos, necesidades y derechos que le asisten.

Esa reconexión a la que somos provocados nos desafía a superar los letargos o suscripciones pulsionales  que retardan la necesidad de un ejercicio crítico cotidiano sobre lo que ocurre, lo que nos ocurre buscando todos los aportes posibles para entender lo que pasa, lo que nos pasa…y actuar responsablemente. Por ejemplo, para que muchos otros hechos cotidianos también sean parte de la agenda pública, donde están involucrados hombres y mujeres de todas las edades y sectores larga y escasamente visibilizados (pueblos originarios, para mencionar un ejemplo entre tantos).

En la última década transitada, asumimos el desafío de trabajar en el periodismo y la docencia desde una mirada holística de los derechos humanos, con los pies en dos campos sensibles para la construcción de cualquier cimiento social: la educación y la comunicación. Desde este lugar intentamos aportar, en/con el intercambio de otros saberes, disciplinas, prácticas al cambio social que permita seguir avanzando hacia una sociedad que asuma en la vida cotidiana el ejercicio de los derechos humanos tanto como la necesidad de respirar.

Entre algunos aportes, nos permitimos compartir la lectura del Dossier “Desafíos del presente: Educación en derechos humanos, universidad y ciudadanía” que integra el nro.25 de la Revista (indexada) de Ciencias Sociales de nuestra Universidad Nacional de Quilmes. http://www.unq.edu.ar/advf/documentos/53e389d522b6b.pdf

Néstor Manchini
Proa Comunicación
P/D: Seguiremos mejorando estas notas de inicio del 2015, en las entregas que compartiremos y a las que, como nos acostumbraron, esperamos sus comentarios.

19/1/15

La vida, los unos y los otros



Opinión. Por Washington Uranga
Los lamentables acontecimientos ocurridos los últimos días en París, incluyendo los terribles asesinatos en Charlie Hebdo, desataron una serie de controversias que exigen reflexiones que ayuden a pensar sobre muchos otros temas vinculados y que atraviesan la sociedad actual. Quien escribe lo hace como periodista y sin la pretensión de sentar cátedra, proclamar certezas o exponer verdades. Lo que sigue no es más que la enumeración parcial de algunas cuestiones que, a nuestro juicio y también en medio del desconcierto, deberían entrar en la agenda del debate para no parcializar la mirada y, de esta manera, equivocar el análisis y las propuestas.
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Todos los asesinatos son condenables. No hay ni siquiera lugar para la duda. Ningún ser humano puede arrogarse el derecho, por motivo alguno, de quitarle la vida a un semejante. El principio es aplicable a los asesinos de los periodistas de Charlie Hebdo, a las violaciones cometidas por Boko Haram, a las de-sapariciones de Ayotzinapa, a quienes hacen atentados contra los judíos o matan población civil palestina indefensa, para señalar tan solo algunos ejemplos contemporáneos. No deberíamos olvidar que en el mundo mueren asesinadas miles de personas por “guerras quirúrgicas”. La pena de muerte también es un asesinato, así sea legal.
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La vida es el valor supremo a defender. La vida de todos los hombres tiene el mismo valor y absolutamente a nadie, bajo ninguna circunstancia, le asiste el derecho de terminar con la existencia de un semejante. Son miles y miles los que mueren en el mundo por hambre, exclusión y enfermedades. Otros perecen en el intento fallido de alcanzar el “paraíso” de un mundo desarrollado que les está vedado. La muerte por estos motivos también es un asesinato. Y todo ello es resultado de una sociedad injusta, del abuso del poder económico, de guerras que sólo buscan proteger los intereses y la propiedad privada de unos pocos, colocados siempre por encima del derecho a la vida digna de las mayorías.
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La doble moral. Parece ser el parámetro comúnmente aceptado y validado por quienes ejercen el poder en cada caso. Los mismos que matan u ordenan matar se pueden llenar la boca con alegatos contra los asesinatos de otros. Hay guerras buenas y guerras malas. Las armas nucleares son buenas y legítimas en manos de unos y peligrosas e ilegítimas en manos de otros. Las acciones de “los unos” son siempre buenas, justificables y legítimas. Las de “los otros” son siempre malas, condenables y merecedoras del mayor castigo. Los atentados provocados por “los otros” son acciones repudiables. Las muertes generadas por “los unos” son siempre escarmientos y legítima defensa. “Los unos” son creíbles cuando piden la paz. Cuando “los otros” hablan de la paz se trata de un subterfugio para esconder sus criminales intenciones.
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La complejidad. El análisis simplista y de manera aislada de los hechos no ayuda a la comprensión. Nada puede entenderse si no es en su contexto y en su proceso. Cada situación es el resultado de múltiples hechos, acciones y decisiones convergentes. No existe una sola causa para explicar un hecho. Hay siempre multiplicidad de causas y, al mismo tiempo, múltiples consecuencias. Las explicaciones monocausales antes que “errores” suelen ser intentos de ocultar parte de las causas y sus responsables. Tampoco alcanza con dar muchas respuestas ante un único interrogante. Se trata de construir muchas preguntas ante cada hecho. Cada pregunta generará, a su vez, muy diversas respuestas, todas parciales y sin que ninguna pueda dar cuenta totalmente de la complejidad del tema.
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La sociedad global es multicultural y multiétnica. La sociedad global no es el futuro, es hoy. Como consecuencia tardía de los atropellos coloniales, de los movimientos migratorios, de la movilidad social, del desarrollo de las comunicaciones y de tantas otras razones, la sociedad global en la que vivimos es multicultural y multiétnica. La expansión y volatilidad de los capitales financieros y el consumismo trastoca en tiempos muy rápidos distintos aspectos de las identidades locales. Todo esto supone la existencia de diversidad de valores, criterios, prácticas culturales y modos de relacionamiento que atraviesan tanto la forma de construir y ejercer el poder como la vida cotidiana. Quienes controlan el poder hegemónico en esta sociedad globalizada se llenan la boca hablando de tolerancia, sin advertir (con o sin intención) que éste es un concepto fuera de época. Porque asumir la diversidad es reconocer el valor y la riqueza de todos los actores en juego, la importancia de la alteridad y la aceptación de que el diferente me enriquece desde su diferencia. Y porque quien “tolera” se cree él mismo superior, poseedor de la única verdad, aunque magnánimo para aceptar que el otro no sea capaz de acceder aun a su mismo grado de perfección.
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La libertad de expresión no es absoluta. Es importante, es esencial a la libertad misma y hay que defenderla permanentemente y de todas las formas posibles. Ninguna acción violenta se justifica para acallar la voz de nadie. Al mismo tiempo el ejercicio de la libertad de expresión tiene una contrapartida: supone y exige responsabilidad en el ejercicio. Demanda no sólo respeto por los demás, incluidos sus valores y creencias, sino también la sensibilidad imprescindible para no herir, lastimar, dañar de manera innecesaria. La libertad de expresión no es una prerrogativa exclusiva de los medios, porque la libertad de prensa es una manifestación particular de una libertad propia de cada uno de los seres humanos: la libertad de expresión.
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El derecho a la comunicación. Es un derecho humano fundamental, formalmente reconocido, pero reiterada y sistemáticamente violado en la sociedad global. Son más los silenciados y los invisibilizados, que quienes pueden expresarse y son reconocidos como actores. Nada (o muy poco) se hace desde el poder político y económico para contribuir a la vigencia efectiva de este derecho. La creciente concentración del poder mediático en todo el mundo está lejos de contribuir a este propósito.
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La fe no mata ni se mata por motivos religiosos. Toda expresión de fe es un canto a la vida y es un compromiso con la vida humana como reflejo y manifestación del propio Dios, según lo expresan la mayoría de las creencias. Los fundamentalismos, aunque aludan y refieran a lo religioso, y así sean alimentados por ministros religiosos, son ajenos a la fe y no pueden ser considerados una consecuencia de ella. Fe y política son compatibles y forman parte de la misma acción de la persona. La fe alimenta la práctica de la justicia, de la solidaridad, de la fraternidad. La política es una forma de concretarlo. Desde toda perspectiva religiosa la política es ante todo una ética que se presume liberadora. Pero no se puede generar liberación sojuzgando al otro, imponiéndole una perspectiva, avasallando su libertad. Esto es fundamentalismo. Hay manifestaciones religiosas que hacen culto del fundamentalismo contrariando el sentido liberador de la fe.
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Todos somos responsables. Con distinto grado de responsabilidad, también en función de las asimetrías de poder. No es comparable el grado de responsabilidad de los dirigentes al de los ciudadanos de a pie. Pero nadie puede sentirse ajeno al compromiso de contribuir en la búsqueda de una paz basada en la justicia y en una perspectiva integral de derechos. No hay lugar para el “no te metás”, porque esa actitud termina siendo cómplice de los atentados contra la vida. También es parte del deber humano y ciudadano intentar comprender, analizar “al otro”, como una forma de acercarse a ese “otro” que ante la estigmatización se vuelve aún más misterioso y repulsivo, multiplicando la incomprensión. No hay tampoco una sola forma de respuesta, ni una sola manera de comprometerse. Cada uno, cada una, lo hace a partir de sus propias convicciones, certezas y posibilidades. Pero nadie está afuera y exento. La paz es una construcción colectiva y permanente.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-263951-2015-01-15.html