16/8/18

La comunicación como derecho...



En ocasión de la realización del  XIV Congreso de la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación, realizado en Costa Rica a principios de agosto, fuimos invitados a una entrevista en el Canal UCR (Univ.de Costa Rica). Televisión con sentido, es el slogan que acompaña la programación de este medio universitario. 
 

6/4/18

Educación para lo Irreconciliable

No es no… en muchos casos

Por Fernando Buen Abad Domínguez
            Rebelión/Instituto de Cultura y Comunicación UNLa
 
 
 “El procedimiento moralizador del filisteo consiste en hacer creer que son idénticos los modos de actuar de la reacción y los de la revolución…El rasgo fundamental de esas asimilaciones e identificaciones lo constituye el ignorar completamente la base material de las diversas tendencias, es decir, su naturaleza de clase, y por eso mismo su papel histórico objetivo”. León Trotsky

Algunos preceptores “pos-modernos”, metidos a ideólogos (y viceversa), se han empeñado en esfumar de la educación básica (y la no tanto) el indispensable mundo de los temas y las cosas irreconciliables. Con el argumento de que “nada es para tanto”, que “todo es relato”, que todo es “relativo”, o que “la realidad es según el cristal con que se mira” deslizan una lógica de lo blandengue, servil al olvido o al perdón de las cosas más imperdonables. Así, las dictaduras no fueron tales, el holocausto es una exageración, Hiroshima fue menor de lo que dicen y Videla junto a Pinochet realmente no fuero tan “malos”. Y algunos se lo creen. La historia entera de la humanidad lavada en “cloro” ideológico para “cerebros” ambiguos.

Es la dictadura Intelectual de una corriente burguesa, nada ingenua, que se ha cargado, con cierto “revisionismo” caritativo, a generaciones enteras bajo el cuento del perdón funcional para toda ocasión. Y eso, también, es inadmisible. Existe un punto en que la intransigencia crítica es provechosa porque estructura procedimientos lógicos y les da firmeza frente al caos con que se fabrican, y presentan, ciertos eventos ideológicos o históricos. No hay lucha emancipadora que no posea bastiones principistas irreconciliables. Como la lucha de clases. No hay corpus moral dignificante que no requiera, para su grandeza, de los pilares axiológicos provistos por una intransigencia crítica y dialéctica. Ni uno solo de los grandes inventos científicos o tecnológicos hubiese conseguido visa sin los bastiones de ciertas concepciones inamovibles.

No hay leyes, no hay Estados y no hay normas capaces de dar contención a los “contratos” sociales sin una estructura consensuada y sistemática de preceptos intocables. Así, entonces, la moda de barnizarlo todo con permisividad, relativismos y blandura, seria imposible sin una dosis de rigidez en sus causas primeras o en sus fines. Aunque lo nieguen.

Es la moral filistea que tanto conviene a los comerciantes interesados en quedar bien con todos. Es la mentalidad de los mercenarios decididos a ensanchar su cartera de clientes. Es la ética de los mercaderes de noticias empecinados en abarcar a la mayor cantidad de personas lábiles y superficiales. La ideología de los blandengues no requiere compromiso. De ahí su éxito. Extrañamente, para su propaganda de la ambigüedad, son muy rígidos.

Y a propósito: no se puede ser neutrales con la “neutralidad”. Mucho menos cuando intencionalmente se confunden (o equiparan) lo “neutral” con lo “objetivo”. Y más cuando por “objetivo” se pretende hacer creer que no se toma parte, que existe un lugar (o no-lugar) donde todo se ve con claridad por que no se toma partido, porque no se tiene influencia y ni herencia que tiña pensamientos, palabras o acciones. De tal falacia hacen su comidita quienes trafican la “objetividad” (que también es una ideología) buscando llegar a muchos. Así, dicen que la tecnología no tiene ideología, que la ciencia no tiene ideología… y que su ideología es la mejor porque sus silogismos no tributan ni adeudan ante escuela alguna. Y en eso sí que son intransigentes.

Asumir principios no supone petrificarlos. Cada convicción, que afirma sus herencias y sus consecuencias, requiere del antídoto metodológico de la crítica, y de la autocrítica, para no convertirse en dogma. Un “convicción” poderosa lo es si es coherente con su historia y con los fines a que sirve… si es necesaria, posible y realizable. Y no por eso es infalible. Una “convicción”, tenga la base que tenga, debe mantenerse en evaluación permanente y debe ser permeable a las fuerzas dialécticas que le dan origen y finalidades. Debe consensuarse, contrastarse y perfeccionarse sobre el crisol de la práctica y desde ahí debe producir su desarrollo si no quiere convertirse en soliloquio o en homilía de sordos. Y, especialmente debe ser paradigma elevado a la acción donde saldarán sus aportes y sus deudas sin transigir reconciliaciones con lo que combate.

No pocas veces, la velocidad de los acontecimientos históricos va generando lecciones que desnudan debilidades y contradicciones fuertes donde son necesarias habilidades especiales para corregir (sin traicionar) el todo o las partes de los principios y los fines. Parte de la inteligencia social consiste en entrenar esa capacidad de modelado permanente en la praxis (Sánchez Vázquez) como expresión de la dialéctica de las luchas emancipadoras que enfrentan, sin cesar, enemigos expertos en mutaciones, ambigüedades y disfraces de todo tipo. No se trata de habilidades para la “adaptación” ni para el “acostumbramiento”, sino de destrezas teóricas y prácticas para desarrollar, en la lucha misma, posiciones cada vez más poderosas. Sin renuncias por banalidades.

Son de esa estirpe las convicciones y las tesis contra la esclavitud en todas sus expresiones. Son producto de esa dialéctica los valores humanistas clásicos (sin individualismos), el respeto por la naturaleza y el respeto por la vida en lo concreto (sin idealismos). Son de esa envergadura los principios éticos que defienden la dignidad, el trabajo, la justicia social y el derecho a vivir sin amos y sin miedos… (sin demagogias legalistas de coyuntura). Intransigentes.
 
No se puede transigir ni reconciliar ideas con los comerciantes de la muerte, con las industrias bélicas; no se puede transigir con los manipuladores de conciencias ni con los secuestradores de la educación pública y gratuita. No podemos reconciliarnos con los que usurpan tierras y usurpan mares ríos y lagos… por más saliva que inviertan en justificarse. No se puede transigir con los especuladores bancarios o financieros ni con la usura de las “tasas de interés”. No hay conciliación posible con el hambre, con la insalubridad o con la ignorancia. No se puede transigir con con los valores humanistas comunitarios ni con las plusvalías. Y por más que leguleyos o preceptores de la alienación quieran nuestra mansedumbre como “presa de caza” para sus amos, alguna vez y en algún lugar hemos de rescatar nuestro derecho y nuestra obligación de ser irreconciliables con todo aquello que, mientras esclaviza o mata seres humanos, hace grandes negocios. Educarnos, pues, para lo irreconciliable necesario.

8/12/17

Por una verdadera Formación Docente Integral

Consideramos que revalorizar la tarea docente requiere cambios profundos no sólo en el ámbito de la formación. Mejorar la formación docente implica mejorar todo el sistema educativo, integrar la formación inicial con la formación permanente. Y En primer lugar implica respetar la voz de sus actores sociales y realizar un estudio verdadero para definir los problemas de la formación y diseñar caminos de avance. Caminos acompañados asimismo, con mejoras de las condiciones laborales, institucionales y de vida de la población en general dentro de un proyecto nacional inclusivo donde se forme a un docente comprometido que pueda leer la realidad en forma crítica y actuar para transformarla. (Extracto de la declaración "En defensa de los institutos terciarios")

Colectivo Andares y Pensares
Aquí podés leer la declaración completa:

https://andaresypensares.wordpress.com/en-defensa-de-los-institutos-terciarios/

9/7/17

Ética entre la “Pos-verdad” y la “Plus-mentira" - Lectura recomendada

Fernando Buen Abad Domínguez
Rebelión/Instituto de Cultura y Comunicación UNLa

Urge intervenir la noción de “Pos- verdad” -con una buena dosis de pensamiento crítico- para radiografiarla hasta saber qué contiene y a qué propósitos tributa su uso. Sus definiciones la pintan como una forma “emotiva” de la mentira para manipular la “opinión pública”… para subordinar los hechos a las habilidades emocionales del manipulador. Es la mentira que prescinde de los hechos, que los arrodilla ante los intereses del enunciado para revertir (pervertir) la relación conocimiento-enunciación. El conocimiento se convierte en producto del enunciado y no al contrario. La realidad se convierte en un estorbo o en una anécdota decorativa -o prescindible- del enunciado. Una figura “retórica” más importante que la propia verdad. De cualquier manera parece ser necesario interpelar a la noción de “pos- verdad” con otra noción de contraste dialéctico que llamaremos aquí “Plus-mentira”. Incluso la construcción histórico-social de la “verdad” debe ser obra crítica.
En todos los sistemas económico-políticos que dividen a la sociedad en opresores y oprimidos, la mentira es un dispositivo consustancial o, dicho de otro modo, son mentirosos por definición. Sistema mentiroso que se basa en robar el producto del trabajo, con estratagemas diversas, que usa represión, miedo, armas, idolatrías e ideologías. La dictadura de las creencias y las supercherías. Mentiras que se perfeccionan en laboratorios de guerra psicológica fabricantes de “Plus-mentira”. Ahora quieren imponernos como “verdad” su reino de la des-honestidad y la anti-política. La fachada fagocitando el contenido; las técnicas de persuasión  produciendo crisis de confianza; la política huérfana de sociedad. Se trata de aniquilar lo que contradiga, lo que interpele, lo incómodo, lo difícil, lo profundo y lo social. Es un modo más de la ideología de la clase dominante en su fase intolerante y excluyente. Uno de sus modos más extremos y contradictorios que se “justifica” con “pos-verdades” creadas exprofeso y con tono “académico”. Medios para coagular el odio de clase como “verdad” que aniquila “lo otro”.


Con la “pos-verdad” y la “plus mentira” ya no habría rumores “falsos”… todo es “verdadero” mientras sirva para obturar la realidad. Se la usa para destruir al rol del Estado, para invisibilizar escenarios de represión y crimen, para ocultar fraudes electorales de todo tipo. La “pos-verdad” endiosa a los monopolios de guerra ideológica hacia públicos entrenados para no exigir “pruebas” ante ninguna calumnia, públicos entrenados para omitir “re-preguntas” y, especialmente, para no interrogarse a sí mismos sobre su información verdadera. Públicos entrenados para la “pereza mental”.

Ellos anhelan audiencias modeladas como repetidoras automáticas de falacias dramatizadas por la coyuntura donde domina el punto de vista hegemónico que anula los cánones de veracidad. Que los “hechos” queden sepultados por el énfasis, por las exageraciones y por todos los estereotipos imaginables. La red de “plus-mentiras” en que se sustenta la “pos-verdad”, se propone recorrer a lo ancho y a lo largo, a lo alto y a lo profundo… el cuerpo social para hacerlo adicto a las mentiras. Adicto a la ingeniería de la “plus-mentira”. Inyectarle odio coagulado en intolerancia para aniquilar lo otro, lo que implique a lo diferente… lo que implique a lo popular y a lo revolucionario. Imponer la negación compulsiva de la “verdad” su necesidad de existir, negarle su razón de proceder y negarle el ser. La “plus-mentira” liberada de toda culpa o penitencia. La “plus mentira” basada en la inmoralidad misma. El vacío de principios. La desfiguración alevosa de la realidad cómo signo de clase. El dogmatismo de la falacia, el fundamentalísimo de la irracionalidad impune. Y entonces lo falso es real.
Acaso el “plus” de la mentira en la “pos-verdad” sea su capacidad de consenso aplastante, su manera de obturar la duda. Incluso su glamour autoritario. La “plus-mentira” basada en componentes dinámicos de usurpación simbólica para asesinar la verdad con las banderas de lo que se niega o se combate. Hitler se hizo llamar “socialista”, Franco en nombre de Dios produjo matazones diabólicas. Así que ni la “pos-verdad” ’ni la “plus-mentira” son novedades ni hallazgos teóricos actuales y acaso un factor decisivo, o de su vigencia, sea el uso de las tecnologías subordinándolas a sus fechorías. La tecnología aporta su “prestigio” para hacer más contundente el desprestigio de la verdad. Total pasará nada. Y todo conduce a la anti-política.

En esta reflexión hay un litigio filosófico profundo y crítico que atañe a la “verdad” sus búsquedas, encuentros y desencuentros siempre históricos. No sobre el valor de su existencia social e histórica sino sobre sus depredadores aunque en la “pos-verdad” se los niegue. Y todo esto pone de relieve la responsabilidad social por la verdad, su lugar y sus desafíos. La verdad en cada pliegue de la revolución, la verdad de las masas y para las masas. La verdad que expresa la ética política de la lucha emancipadora. La verdad desde las bases con sus derrotas y sus victorias. La verdad y sus procesos, sus logros reveladores como saltos cualitativos de conciencia y compromiso. La verdad que es táctica inmediata de combate, la verdad revolucionaria siempre. En suma, si el capitalismo anhela manipular la percepción y las creencias con rumores y calumnias, con sobrecarga acelerada de información falsa para decir que hay “crisis humanitaria” donde hay luchas sociales; para imponer “guerras económicas” y decir que la voluntad popular no es confiable o lograr que nadie pueda reconocer la verdad de las luchas y eso deje de tener importancia… entonces la “plus mentira” también es un campo de guerra en la Batalla de las Ideas.

24/3/17

"Para ratificar los derechos" - COMPARTIMOS UNA VISIÓN y DESAFÍO



Por qué marcho

El "Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia" encuentra este año a la sociedad argentina en estado de alerta en defensa de los derechos conquistados. El gobierno del presidente Mauricio Macri, elegido democráticamente, genera de manera permanente y persistente continuos hechos y situaciones violatorias de los derechos fundamentales que la democracia debería garantizar.

De manera arrogante y soberbia se avasalla la institucionalidad y las garantías que la misma concede para la igualdad de las personas y su resguardo en todo sentido. La Justicia se ha reducido al Poder Judicial y, más allá de aquello que los funcionarios y el propio Presidente sostienen en sus intervenciones públicas, los actos que son producto de la gestión de gobierno de la alianza Cambiemos tienden a desconocer o a recortar de manera sistemática derechos ganados desde la restauración de la democracia hasta ahora. En la social, en lo económico, en lo político, en lo cultural. No se equivoca en esto el Gobierno, sino que esta manera de actuar es la que mejor responde a la ideología de la alianza política gobernante.

Las últimas semanas han sido escenario de diferentes manifestaciones populares, basadas en demandas y reivindicaciones diversas. Pero todas ellas han tenido un denominador común: la defensa de derechos a través de la movilización popular, ganando las calles y las plazas. Quizás porque habiendo transcurrido apenas un año y medio de gobierno de Cambiemos, los actores populares, directamente damnificados o no, y gran parte de la ciudadanía, arribaron a la conclusión de que en las actuales circunstancias la única manera de defender los derechos conquistados es a través de la movilización popular. Tan cierto como que los derechos sociales, económicos, políticos y culturales, aún en democracia, no se logran de una vez ni para siempre sino que tienen que ser ratificados cada día y en cada circunstancia que sea necesario hacerlo. Así nos encuentra este 24 de marzo: defendiendo, confirmando y fortaleciendo en la calle los derechos conquistados. Es también la mejor manera de hacer memoria.
https://www.pagina12.com.ar/27643-por-que-marcho

31/1/17

El Muro (Lectura necesaria)

Símbolos Contra la Clase Trabajadora
Fernando Buen Abad Domínguez
Rebelión/Universidad de la Filosofía

De entre todas las formas posibles de “sanción”, “crítica” o “diciplinamiento” con que un imperio gusta de “castigar”, Donald Trump escogió un Muro y no lo hizo por estúpido (como dicen algunos de sus detractores) tampoco lo hizo sólo por “negocio”, como suponen algunas de las constructoras que sueñan con el proyecto... se trata de una operación ideológica que tiene raíces profundas en una disputa territorial de latifundistas, que es también simbólica, por reafirmarse en la usurpación y delimitando “sus” tierras. Trump sueña con un Muro de 1600 km. Lógica Old fashion como en China. De los 3.200 kilómetros de frontera entre USA y México, casi un tercio ya tiene tramos de concreto, rejas electrificadas y cámaras de vigilancia.
Poner un Muro en un territorio que tiene historia de ocupación, corrupción y crimen sin límites, es coherente con la lógica de la burguesía empeñada en convertir en amenaza todo lo que le es ajeno. Especialmente si eso incluye color de piel, idioma y cultura hartos de la humillación. En el Muro de Trump se coagulan todas las perversiones del racismo y todas las locuras del imperialismo. Su prototipo más claro está en Israel. Costará 25 000 millones de dólares. Y quieren que lo pague el pueblo mexicano. Ahí está el verdadero “castigo”.

Es la lógica de los “barrios privados” que tanto encantan a la pequeña burguesía. El magnate inmobiliario lo sabe bien. Ese Muro da relieve a las ideas más acariciadas por la burguesía: “esto es mío”. Reafirma la “propiedad privada” y el distanciamiento de “lo otro”. Configura la caracterización de “lo distinto” como “peligroso” y se entroniza como correctivo simbólico indeleble para que el mundo entienda de qué lado esta “el poder”. Cuando el poder verdadero está del lado del pueblo… aunque los pueblos (por ahora) eso no lo vean muy claro.
Parece una antigualla de magnate petulante, parece un berrinche de “niño rico” empeñado en castigarnos con su ego desaforado. Parece una idiotez… parece mil cosas en un mundo donde nada es lo que parece. Aunque pudo tomar mil medidas arancelarias, impositivas, tecnológicas… exhibir a sus “Rambo”, sus soldados y sus armas. Aunque pudo sembrar paramilitares (como en Venezuela), pudo financiar Ku Klux Klanes, drones, perros, rayos laser… pudo imponer leyes más “duras”, prensa más amarillista, Border Patroll más fascista… pudo mil cosas pero eligió el Muro. Y eso no es inocente.

El Muro de Trump es un bálsamo mediático para las angustias endógenas del imperio. Es un bálsamo oportunista de larga duración y de efectos incontables. Es un espejo ideológico de ladrillos y concreto en el que se refleja, desde adentro, la monstruosidad del capitalismo y su lógica del avasallamiento. Cada vez que Trump lo menciona, despliega un drama histórico infestado con la humillación del saqueo y la esclavitud añejos a que han sido sometidos los inmigrantes más desposeídos y maltratados. Mientras tanto las jaurías neoliberales, serviles al imperio en México, no hacen más que acarrear “another brick in the wall”. (Otro ladrillo al muro). El Muro es una forma de la Guerra Ideológica.
Por ahora, la sola mención de completar el Muro ya atrajo simpatías de clase y solidaridades ideológicas. En ambos lados del Muro. Ya no somos tan ingenuos como para creer que la iniciativa de una aberración así nació sólo en un lado. Se han edificado muros (comerciales, políticos, raciales, educativos…) de igual o peor envergadura y siempre han contado con la complicidad voluntarista de sectores serviles. Y así nos ha ido. El muro es, pues, una forma de tortura como le gusta a Trump.

Mencionar al Muro (completar su construcción) ha servido también para alebrestar corifeos intermediarios que se dicen capaces de inspirar moral y método en la tarea de arrodillarse ante el muro. Con argumentos como “la seguridad”, “la estabilidad económica”, “el bien común” y bla bla bla a los “cuatro vientos” vociferan recetarios diplomáticos para quedar bien entre ellos. Los pueblos no tienen lugar en la mesa de sus repartijas. Unos ya tienen el presupuesto para completar el Muro, otros ya tienen el discurso para inaugurarlo, algunos más tienen los “periodistas” idóneos para desarrollar la crónica de la construcción, minuto a minuto… en fin, todos quieren una tajada material y política con que ampliar sus negocios y sus simpatías con el imperio.
El trabajo de los inmigrantes no es una dádiva del imperio. Hay que poner bien clarito que cada dólar ganado es acumulación de riqueza para los yanquis aprovechándose del trabajo esclavizado. Los trabajadores pagan un precio muy alto (no sólo por lo que recolectan las empresas parásitos que cobran por los envíos de las remesas) sino porque la mayoría inmigrante pone el lomo a diario, y debe ahorrar, aunque viva con todas las limitaciones, bajo el peso de la distancia, la soledad frecuente, la condición de “ilegal, la marginación, el racismo, el miedo, las desconfianza sistemática y el mal trato consuetudinario. Y todo eso en tierras que fueron robadas por el imperio yanqui. Eso también lo hace visible el Muro que quieren financiar también sobre las remesas de los paisanos.

Ese Muro es un acto de provocación inaceptable e inhumano. Contiene la amenaza de matar y reprimir a miles de personas. Es un Muro ideado para acentuar la injusticia que padecen los inmigrantes tratados como “ilegales” y es una trampa contra todas esas personas que, para sobrevivir, buscan cualquier fuente de “empleo”. La frontera con USA, y no sólo, es fuente permanente de abusos, explotación e ignominia y el proyecto para completar ese Muro es una afrenta de tal calibre que uno no puede no prepararse para las consecuencias. Quienes provocan el desempleo, quienes generan la miseria toman ahora medidas de “control” para poner “orden” en la frontera. Sin dejar de beneficiarse con las remesas, ¡claro!
Lo que el Muro no tapará es el drama del desempleo, la barbarie de la humillación, el infierno del hambre y la monstruosidad del despojo. Todo lo contrario. Deja a la vista la barbarie, la aberración y la bofetada auspiciadas por la burguesía que no tiene límites ni frenos en la fase depredadora en que se encuentra el imperio. El Muro es su espejo.

Ellos ponen el Muro para callarnos y para acallar toda rebeldía, nosotros (todos) podemos poner el ejemplo y transformar al mundo. Que reviente el Muro con las luchas indígenas, campesinas y obreras... desde abajo y hasta el cielo. Que reviente el Muro antes, durante y después de que lo completen. Que reviente el Muro por obra y gracia de los trabajadores, de aquí́ de allá, inmigrantes y no inmigrantes... unidos esta vez para siempre.


 Dr. Fernando Buen Abad Domínguez -Universidad de la Filosofía -


@FBuenAbad

28/11/16

El HOMBRE de dos siglos (Lectura recomendada)



Cuando un dirigente sacralizado muere de ancianidad los pueblos desamparados consideran, sin embargo, esa muerte una muerte violenta.
Cuando los estudiantes del año 3000 abran sus libros de historia en las páginas del siglo veinte leerán quizá: URSS, Stalin; Yugoslavia, Tito; Gran Bretaña, Churchill; Francia De Gaulle; China, Mao. Preguntarán entonces: “¿Eran los nombres de las capitales?”. Se les contestará “no, eran los nombres de los dioses de ese siglo”. Y los niños de las escuelas del futuro sacudirán la cabeza pensando qué difícil sería para los hombres vivir en un tiempo en el que los dioses habitaban entre ellos. Bernard Chapuis en Le Monde, a propósito de la muerte de Mao Tse Tung.
Cuánto sufre un analfabeto, no se lo imagina nadie; porque hay algo que se llama autoestima, que es más importante, incluso, que los alimentos, la autoestima. La calidad de vida es otra cosa, calidad de vida es patriotismo. Calidad de vida es dignidad, calidad de vida es honor; calidad de vida es la autoestima a la que tienen derecho a disfrutar todos los seres humanos”. Fidel Castro, en las escalinatas de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, 2003.
Fidel murió anciano, cuando llevaba más de diez años extrañado del poder. Ese fue el destino del refundador de la nación cubana: envejecer junto a su proyecto político.
Los estadistas que perviven cargan con los altibajos de hacerse cargo de la realidad, los cambios, las defecciones, las contradicciones, los retrocesos, el deterioro que es compañero del paso del tiempo. También les caben los logros, las conquistas, el amor de los propios, el odio inalterable de las derechas del mundo, tanto las que celebraron ayer en las calles de Miami como las que se regodearán hoy en los medios dominantes y en los quinchos VIP.

--> Su nombre es el de su patria, de los que menciona la cita de Chapuis. Parte el último fundador de naciones del siglo XX, que fue sucesivamente y sin fatiga, un joven insurgente con las armas en la mano, un tribuno de su propia causa, el estadista que intentó el asombroso experimento de implantar el socialismo en un solo país, pequeño en tamaño y población.

Consiguió lo imposible: sobrevivir él mismo y su proyecto al asedio del mayor imperio de la historia, sito a tiro de cañón de la isla. La CIA, el Departamento de Estado, tantos presidentes de Estados Unidos planificaron su derrocamiento, la invasión, carradas de atentados terroristas, aquellos que los gringos condenan cuando hablan ex catedra pero que promueven y concretan más que nadie.

Este cronista renuncia acá a un veredicto genérico sobre la vastedad de su obra, las carencias del proyecto revolucionario, las fallidas acciones económicas, las libertades públicas limitadas o conculcadas, la zafra desmesurada, el período especial, Fresa y Chocolate. En estos días y semanas “todo el mundo” pontificará sobre Fidel, su prédica y sus políticas que fueron mutando conforme pasaron los años.
Un método comparativo justo, supone sin originalidad quien esto escribe, debe cotejar a Cuba con lo que era a fines de la década del ‘50: un burdel poblado de casinos, tal como reseñó Francis Ford Coppola en El Padrino. O con otras comarcas de su región, que eligieron (o fueron sometidas) a un trato más amigable con la mega potencia vecina.
La Guerra Fría es ahora una evocación distante, para muchas personas tan remota como el Imperio Romano. En su momento, formateó el mundo bajo paradigmas imposibles de evaluar con los imaginarios del siglo XXI. En aquel entonces Fidel quiso exportar la Revolución, una fantasía ampulosa. El Che Guevara murió en esa empresa: quedó en la memoria para siempre, joven, bello y perfecto. Como Evita… A Fidel le cupo el rol de Perón: seguir a cargo de la política cotidiana, mostrarse maduro o enfermo, sobrellevar desafíos y desdichas.
Desde hace décadas los cubanos que salen en misión de las islas exportan educación y salud. Puertas adentro su país desconoce el analfabetismo, el hambre, las enfermedades que agravan la pobreza. Eso no vale nada en el inventario del modelo hegemónico, que se conduele verbalmente de la miseria mientras la provoca.

El presidente boliviano Evo Morales, que lo admiró como un pibe de sectores sumergidos que fue (y sigue siendo), lo evocó en el canal Telesur y arrimó una cifra, que vale la pena subrayar. Setecientos mil bolivianos fueron operados de la vista por médicos cubanos. La propia Canciller argentina Susana Malcorra comentó un par de meses atrás que la única acción internacional sanitaria exitosa en África es la emprendida por Cuba. Ni los grandes estados del planeta, ni los laboratorios multinacionales, ni las ONG (aun las virtuosas, que las hay) son eficaces o siquiera presentes.

Tres generaciones lo conocieron como parte del paisaje. Martín Rodríguez, periodista y ensayista nacido mucho después de la entrada en La Habana, publicó en su cuenta de twitter @tintalimón fotos de Fidel con protagonistas de primer nivel, muchos de ellos ya fallecidos. Y escribió  “Fidel fue un Zelig al revés. Fotos de él con todos y en todos los tiempos sin ser camaleón”. Según los sabios de la tribu, era imposible soportar la agresión estadounidense. Solo lo sostenía el oro de Moscú: era imposible que sobreviviera a la caída del Muro de Berlín y a la entropía del “socialismo real”. Pudo, sin embargo.
Se consagró como orador larguero cuando se defendió en los tribunales de Fulgencio Batista. “Condenadme, no importa. La historia me absolverá”. Habló y peroró sin pausa. Acaso fue el mejor predicador de una etapa pródiga en elocuencia política. Dialogó con las masas, adoctrinó, educó con el verbo. Se explayaba durante horas porque tenía mucho que decir. Se remontaba a la historia para llegar a la coyuntura. Una visión coherente del mundo, una ideología que desea cambiar el mundo debe primero compartirse, explicarse, comprenderse.
El discurso de la Facultad de Derecho mencionado en el epígrafe congregó a miles de argentinos, muchos de los cuales apenas lo conocían, porque era un prodigio de comunicación que se iba extinguiendo.

En los últimos años de vida activa fue constructivo con las nuevas democracias que surgieron en este sur. Los líderes más radicales, el venezolano Hugo Chávez y Evo, lo admiraban y también escuchaban. Su mayor consejo era acordar un rumbo común con los gobiernos reformistas de Brasil y Argentina.
La relación con el kirchnerismo tuvo momentos de idilio, vicisitudes y conflictos, como el vinculado con la médica disidente Hilda Molina. Pero primó la alianza objetiva. La perspicacia política del león devenido herbívoro captaba que cada etapa tiene su lógica, sus imposiciones. 

Su piné trascendió las fronteras de su patria. Su partida fue un hecho violento, el segundo final del siglo XX. Justo cuando el acercamiento entre Washington y La Habana, un destello de lucidez, está en jaque.
El socialismo real es pasado, lejano. Una versión aggiornada y nítida del fascismo y la xenofobia son el producto actual del mix entre capitalismo y democracia en muchos países del centro del mundo.
La muerte no sorprende, estaba en las predicciones y las intuiciones. De cualquier modo, acongoja y refuerza la admiración por el líder gallardo que jamás hocicó, jamás fue lamebotas, jamás dejó de expresar a su patria, al son propio de los cubanos.